Y.L

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  • Yanin Lorey

El portal


Ella había encontrado un portal... Así comenzaba todo. Pero, todavía no lo sabía, giraba en su cabeza esas extrañas ideas.

Hacía unos días se había mudado a su nuevo apartamento, y si bien ya había vivido anteriormente en otros, pero estos eran más parecidos a pensiones, o compartirndo el apartamento con otros. En cambio, este era realmente el primero para ella sola, con patio, plantas, y en una zona residencial, rodeada de paruqes y negocios. En fn, nuevas experiencias llegan con nuevas sorpresas y perspectivas de la vida, y aunque el apartamento, cómodo para una joven, hacía tiempo que nadie lo habitaba, por lo que un poco abandonado, olía en un principio a aires fantasmales.

Aunque, ella ni lo noto comenzó, a los pocos día de tenerlo en sus manos, con una limpieza profunda, y haciendo algunos cambios, llamando a obreros para ciertos arreglos, y así comenzo a embellecerlo. Música fuerte, guantes, y a limpiar. Así fueron los primeros días. Lo que nunca se imagino es como la iba a impresionar tanto la suciedad, que cuando tocaba apenas, con el trapo, las superficies de los muebles, luego de la primera pasada ya estaba negro. Pero claro, ella tan sumergida en la limpieza ni se pregunto como, al primer ras, ya el trapo estaba negruzco, ni siquiera gris, simplemente negrura oscura y profunda.

Miraba el trapo, y su expresión de escalofrío, casi como fantasmal, e impresionante, la hacía temblar. Iba y lo enjuagaba y de vuelta negro oscuro con el primer contacto de la superficie.

Luego, de varias impresiones, por momentos soltaba unos gritos, y hasta comenzó a sentir asco al pasar el trapo por las superficies.

Pero no _ se dijo_ tengo que limpiarlo. Así, lo que había comenzado como una motivación para encontrar su lugar bello, comenzo a convertirse en algo traumático. Ya había utilizado más de veinte trapos, y cada uno de esos los había enjuagado más de diez veces. Nunca había visto tanta negrura, sus ojos ya comenzaban a nublarse y comenzó a sentirse mareada, como si ya no tuviera fuerzas para continuar, y solo estaba limpiando un mueble, los estantes de la cocina.

_ ¡Solo uno ! _ gritaba_ ¿Cómo puede ser?_ se preguntaba a si misma. Pero ya sin fuerzas, comenzó a pensar que no iba a terminar de limpiar todo el estante y todavia le faltaba el horno.

Tuvo que parar, y sentarse, miro la hora, y grito : No puede ser, no había pasado ni una hora! y ya le dolían los brazos, estaba sensible de ascos e impresiones, que hasta el contacto de su guante con el mueble le producía escalofríos.

Luego de descansar un rato, ya iba a continuar aunque sentía una fuerza sobrenatural que la frenaba, o quizás ya no quería ver más suciedad, pensó. Sin embargo se armo de valor, puso la música a todo volúmen y siguió limpiando. Aunque, todavía seguía sintiendo esa tierra pegada y negra que levantaba el polvo seco, y viejo por los aires y por momentos la hacía toser. Lleno de trapos oscuros por los alrededores, parecía que nunca se terminaba de limpiar el estante. Siempre había mas mugre, además de montones de excreciones de ratones que le producían más escalofríos y mareos. Mugrienta oscuridad. Negro, y más negro quedaban los trapos,

Frenó de vuelta y se dijo_ esto no puede ser verdad _ Hacía ya casi tres horas que seguía limpiando el mismo estante y todavía seguía sacando tierra con los trapos. El espacio de negrura parecía no tener fin, sin embargo, luego de varias horas, comenzó a aclararse y los trapos comenzaron a no pintarse de tanta tierra, y al fin ella, se esperanzaba de finalizar antes del anochecer. Aunque ya se sentía mareada, llena de ascos, y repulsiones, con dolores de cabeza, y sensibilidades extremas, se alegro al darse cuenta que lo que ya estaba haciendo de manera mecánica, lograba tener un buen resultado.

_ Al fin _ se repetía - Al fin, tantas largas horas solo para limpiar estos estantes malditos _ se susurraba, con mezclas de polvo, tierra vieja y mareas de atmósfera.

Así fue y antes del anochecer, ella terminó. Se desparramo por el sofá, casi como derretida, y se quedo mirando fijo un tiempo largo, lo indescriptible, lo que todavía no lograba entender, todo el día y la tarde con un estante de la cocina, que ahora lo miraba estática, como ida, como admirada, como si hubiese finalizado con una obra de arte.

Luego de observarlo por horas y descansando, se dió cuenta que todavía le faltaba una última parte de la cocina, y era el horno. La limpieza por dentro, ya la había realizado, pero la parte de atrás, el contacto con la pared, tenía que limpiarlo también, mover el horno para un costado y limpiar esa maldita parte escondida que siempre tiene la mayor acumulación de tesoros repugnantes.

Así, se armo de valor, y movió el horno. Pero solo pudo moverlo un poco porque tenía una conexión de gas unida a la pared. Y en ese pequeño espacio, entre el horno y la pared, tuvo que meter la mano y deslizarla para limpiar todas las telas de arañas y excrementos antiguos y disecados por el tiempo. Con los guantes, y apenas pudiendo ver de reojo donde colocaba la mano, sintió de golpe, como que la superficie del horno tenía un agujero grande y su mano se hundió en el mismo.

Impresionada, saco la mano y quiso mirar de reojo, pero apenas se veía. Sin embargo logró ver como un orificio grande en el horno. Lo palpo con las manos, y si esa parte se hundía, no era plana y lisa como las otras, y veloz como un rayo saco las manos. Se pregunto, si habría algún insecto o animal adentro, ya que podría esconderse ahí, además de que había encontrado montones de caquitas redonditas y secas de ratones. Pensó que, si había algo, ya habría muerto o ella tendría que haber escuchado algún ruido. Sin embargo, nada. Seguramente estaba impresionada, ya se había demorado todo el día limpiando el estante y ahora se encontraba con un agujero para limpiar, el cual, no sabía si era muy profundo, ya que solo podía verlo de reojo. Así que de nuevo se colocó sus guantes, agarró el trapo, se sentó en el suelo, y de costado, con su cabeza hacia afuera, comenzó a meter la mano entre el horno y la pared, y luego dentro del agujero, y comenzó a limpiar por dentro, moviendo con dificultad las manos ya que estaba muy apretujada, pero se daba cuenta que todavía no llegaba al final, así que estiró más su brazo, y de a poco fue metiendo casi todo su brazo dentro del agujero, pero nunca le parecía llegar al final. Todavía no entendía como podía existir ese agujero largo en la parte de atrás del horno. Se decía a ella misma, susurrando entre colérica y nerviosa, como a alguien se lo pudo haber ocurrido el diseño de semejante horno _ que diseñadores, idiotas_ se murmuraba _ No se dan cuenta que es un fácil acceso para la acumulación de polvo e insectos. Y cuanto más se lo preguntaba, menos lo entendía, como podía ser, un horno con un agujero, si casi todos los hornos son cerrados en la parte trasera.

Escarvo y escarvo con sus manos, por los costados, para limpiar bien esas esquinas, con temores de encontrarse con insectos. Sin embargo, todavía no llegaba a tocar el final, entonces muy empecinada en la tarea de la limpieza, y ya nerviosa, trató de hundir más su brazo, y ya apretujada entre el horno y la pared, casi inmóvil, su brazo se metió bien hasta el fondo, y ahí creyó tocar las últimas paredes y limpió y sacó muchos excrementos. Al finalizar, sacó todo su brazo, puso de nuevo el horno pegado a la pared, y finalmente se sintió satisfecha por su tarea de limpieza.

Pasaron los meses, y cierto día tuvo un problema con la conexión de gas, ya que el horno no le funcionaba. Llamó a los del servicio, quienes fueron a su departamento para revisar la conexión.

_ Señora esta manguera de conexión esta muy pegada al horno _ le dijo el obrero cuando intento mover más el horno.

_ Si, ya lo se_ le dijo ella

El hombre, se puso hablar con su colega , luego se acercó a ella y le dice_ Vamos a tener que desconectar el tubo del horno para poder revisar mejor la situación.

Mientras ella fumaba le dijo_ si claro, no hay ningún problema. Usted sabe lo que tiene que hacer.

Así que mientras ella fumaba en el patio, ellos desconectaron el tubo del horno, lo movieron y lo alejaron de la pared.

Luego, mientras los hombres estaban revisando el tanque de gas, y ya habían movido el horno hacia un costado, ella pensó que quizás podría aprovechar para limpiar bien a fondo el agujero del horno, que tanto le había costado, y que ahora seguramente estaría de nuevo sucio. Así que entró al departamento y que sorpresa que se llevo, cuando miro el horno y descubrió que no tenía ningún agujero, solo una chapa lisa de aluminio y plateada, que cubría la parte trasera, como cualquier horno.

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